Hablar con Beatriz Cayetana Martínez es adentrarse en una historia de ida y vuelta: la de una vocación que nunca desaparece del todo. Aunque soñaba con ser cocinera desde los 12 años, su camino comenzó en el derecho, donde destacó como estudiante antes de ejercer como abogada. Sin embargo, esa inquietud creativa siempre encontró su espacio entre fogones, hasta que decidió dar el salto definitivo: abrió su propio restaurante, un proyecto que mantuvo durante casi una década y en el que ya se intuía su filosofía de cocina «natural, sencilla y que realmente nutre».
El punto de inflexión llegó con la maternidad y una serie de cambios vitales que la llevaron a parar y replantearse su estilo de vida. Fue entonces cuando la fermentación apareció casi por intuición, como un descubrimiento progresivo que terminaría transformándolo todo. «Yo ni siquiera sabía que estaba fermentando», confiesa. Desde aquel primer chucrut hasta su actual propuesta divulgativa, Beatriz ha convertido este proceso ancestral en una herramienta cotidiana, accesible y creativa, desmontando mitos y acercándolo a cualquier persona interesada en cuidarse desde la cocina.
Hoy, a través de su libro Fermentación casera, comparte ese aprendizaje desde una perspectiva práctica y cercana. Su mensaje es claro: no hacen falta conocimientos técnicos ni utensilios especiales para empezar. «Si te gusta cocinar y quieres cuidarte, puedes fermentar en casa sin complicaciones», asegura. Más allá del sabor, su propuesta invita a reconectar con los alimentos, a entenderlos como algo vivo y a recuperar una relación más consciente con lo que comemos. Porque, como resume ella misma, «alimentarse bien es saber lo que estás comiendo y disfrutarlo sin artificios».
