José David Ferris, el eldense que trabaja en la Agencia Espacial Europea

Hay caminos que no se dibujan en un papel, sino que se van trazando a base de curiosidad y de kilómetros. El de José David Ferris Gómez empezó en un instituto de Elda, con dudas sobre qué estudiar y una afición por la música que no encajaba del todo con los números, y ha terminado, de momento, en una sala donde no entra ni una mota de polvo y en un turno de noche descargando los datos de un satélite recién lanzado. A sus 33 años, este eldense trabaja para la Agencia Espacial Europea desde los Países Bajos.

Su historia arranca con una decisión que muchos jóvenes afrontan estos días. Cuando terminó bachillerato tenía claro que quería hacer una ingeniería, pero no cuál. «A mí me ha gustado siempre la tecnología, y aparte me gustaba mucho la música, así que encontré el equilibrio en Ingeniería de Imagen y Sonido en Telecomunicaciones», explica.

Cursó la carrera en la Universidad de Alicante y lo hizo en inglés: los dos primeros años los compartió con solo tres compañeros, porque formaban parte de la primera generación que se examinaba en ese idioma. Después completó un máster habilitante de dos años en la Universitat Politècnica de València, donde se especializó todavía más en comunicaciones por satélite.

Antes de todo eso ya había salido de España. Con 16 años participó en un programa de intercambio en Irlanda y durante la carrera se marchó de Erasmus a Oulu, en el norte de Finlandia, donde llegó a vivir temperaturas de 25 grados bajo cero. «Quería ver otra cosa que fuera totalmente diferente a España», recuerda.

José David Ferris, en los estudios de Radio Elda Cadena SER

De aquella etapa se lleva la gente que conoció y una certeza que le ha acompañado desde entonces. En casa nunca le pusieron freno: «Ellos siempre han sido de ‘lo que necesites, aquí estamos’». Aun así, insiste en que volver forma parte del plan. «Es algo que nunca va a desaparecer, el querer volver a Elda».

Su primer salto profesional fue a Madrid, donde pasó alrededor de cinco años en empresas del sector espacial y aeronáutico. El primer año lo vivió en una sala limpia, un espacio con la calidad del aire controlada al máximo para que los componentes electrónicos que después viajarán en un satélite no se deterioren.

Luego pasó a la aeronáutica, montando equipos en aviones desmantelados por dentro y probándolos desde estaciones de tierra. En medio llegó la pandemia, «algo duro de llevar en Madrid». La oportunidad de cambiar de país apareció por un mensaje de LinkedIn que, en un primer momento, rechazó. «Le dije que no, que no me iba a ir a ningún sitio, que no quería ni hacer la entrevista». Volvieron a contactarle, lo habló con su pareja y con su familia, y la respuesta fue distinta.

Llegó a los Países Bajos un mes de febrero y lleva ya cinco años en la Agencia Espacial Europea, un organismo donde, describe, se hace de todo: desde ayudar a estudiantes a construir satélites hasta lanzar los que después dan servicio a aplicaciones meteorológicas. Él trabaja en el área de comunicaciones y el verano pasado participó en su primer lanzamiento.

Los satélites requieren atención las 24 horas durante los primeros días y el trabajo se organiza por turnos: a él le tocó el turno B, encargado de descargar los datos. «Es un equipo que lleva desarrollando ese satélite muchos años y yo simplemente participé como apoyo, pero fue una experiencia súper buena».

Reside en Leiden, una de las ciudades con más canales del país, en una zona muy internacional donde la integración le resultó sencilla porque «los holandeses hablan un inglés perfecto» y muchos compañeros se ofrecieron a echar una mano. Sobre España, es contundente al hablar de oportunidades para los jóvenes formados: «Fuera de España nos buscan mucho, sobre todo a los mediterráneos, porque la formación que tenemos es muy buena, pero aquí hay pocas oportunidades».

A quienes ahora dudan con la carrera les entiende: «Cuando sales de bachiller es una odisea elegir». Su recomendación pasa por buscar algo que encaje con la propia forma de ser y por mantenerse abierto a moverse. En diciembre le espera otro reto, este de los que duran toda la vida: será padre.